domingo, febrero 24, 2019

Solemos creer que como la actividad turística está ligada al ocio y al placer, todo lo relacionado con ella es positivo e inofensivo. Empresarios y medios de comunicación no dan cuenta de sus aspectos negativos y las instituciones educativas parecen no contemplarlos en sus programas.

“El turismo es hoy uno de los secotores que más afecta al medio ambiente” asegura José Santamarta, presidente de la Comisión Pro-Amazonia, y según la Oficina Estadística de las Comunidades Europeas, el problema se agrava durante los períodos de temporada alta.

Las consecuencias son múltiples y las soluciones parecen lejanas, pero la situación es simple de entender: el hombre se traslada por tierra, agua o cielo hacia un nuevo destino; allí construye hoteles donde dormir y caminos para recorrer; desayuna, almuerza, va de compras; y practica diversas actividades recreativas y deportivas. En mayor o menor medida, el hombre está de vacaciones y actúa. Algunos, en nombre del ocio, se creen con derecho a todo y a su paso van degradando los recursos naturales, es decir, el agua, la tierra, el aire, la flora y la fauna.

Juan Mesa es especialista en Desarrollo Turístico Sustentable, egresado de la Universidad de las Islas Baleares en España y dice con respecto a nuestro país: “el caso más próximo que conozco es del Parque Nacional Talampaya donde el gran problema tiene básicamente que ver con la generación y deficiente gestión de los residuos generados por los turistas, llevado al extremo de que al costado del camino, e incluso dentro del Parque, era posible ver las bolsas y basura de todo tipo”.

En la provincia de San Luis son incontables los ejemplos de cómo la actividad turística afecta al medio, Darío Salas es estudiante de la carrera de guía de Turismo, y alerta acerca de la localidad de Potrero de los Funes: “por un lado tenemos la construcción del Circuito de Carreras Semipermanente que ha afectado de una manera inimaginable la flora y la fauna en torno al lago, cambiando para siempre la fisonomía del paisaje; y por otro lado, el Hotel Internacional que libera sus desechos al mismo lago”.

Luisina Guardia, periodista turística, opina que “el turismo afecta al medio ambiente en la medida en que no les interesa a los grandes empresarios preservarlo, pero sí les interesa adquirir buenas remuneraciones y lo más rápido posible. Se hacen cabañas, se bajan lomas, cerros y no se preocupan a futuro por el impacto ambiental” y hace referencia a un caso concreto como el de las hosterías de Mina Clavero que “tiran sus desagües al río”.

“En Entre Ríos, la construcción de complejos termales causa contaminación. Existen quince distribuidos en diferentes localidades de la Provincia y está el proyecto de crear otros siete. Actualmente tememos por la construcción del complejo termal y parque acuático Toma Vieja en la ciudad de Paraná” denuncia Micaela Salomón y con conocimiento de causa: “Debemos saber que la mayoría de estos complejos termales son artificiales y el agua termal que se extrae hacia la superficie, después de su utilización es desechada a ríos y arroyos, causando contaminación térmica y también contaminación química, dado que el agua termal tiene entre 80 y 130 gramos de sal por litro, lo que en contacto con el ambiente produce la salinización de las cuencas”.

Jorge Petersen, licenciado en Turismo por la Universidad Católica de Cuyo, señala que los inconvenientes que se padecen a lo largo de toda la Costa Argentina no sólo tienen que ver con la contaminación del agua, “en épocas de temporada alta las playas colapsan por la gran cantidad de turistas que reciben y el paisaje se erosiona, las especies animales deben migrar y el dióxido de carbono liberado al ambiente es mayor a causa de que las ciudades aledañas también se ven colapsadas”.

Luis Martinez Tecco, ex Presidente del Ente Turístico Municipal de Mar del Plata, aclara que “todo ámbito natural tiene una capacidad de soporte de actividades humanas, superada la cual comienza su degradación y la pérdida de calidad ambiental. A manera de ejemplo, señalemos que un campo de fútbol con césped natural, para su adecuada conservación permite, bajo rigurosos cuidados, la actividad profesional del deporte, 90 minutos por semana, debiendo recurrirse a canchas auxiliares para actividades de práctica o usos recreativos y algo similar sucede con el medio ambiente”.

Por otro lado, la OMT advierte que “si el turismo fuese un país, sería el quinto más contaminado del planeta, al señalar que esta actividad genera el 5 por ciento de las emisiones de dióxido de carbono que se envían a la atmósfera”. Sobre todo, porque la actividad turística depende del desplazamiento de los turistas y este se realiza indefectiblemente mediante el uso de los diferentes tipos de transporte.

Víctor Ramírez Pulido es un bloguero venezolano con un alto compromiso social y resume la problemática de la siguiente manera: “el turismo se muestra violento con el medio ambiente, fomentando urbanizaciones en zonas naturales, excediendo el uso de los servicios de agua y luz, aumentando la basura, la contaminación de las aguas, del aire, la contaminación acústica, destruyendo monumentos históricos, cambios en el paisaje por la construcción de infraestructura sin la supervisión de las instituciones y las comunidades responsables”.

El compromiso es de todos y muchas empresas parecen tener buenas intenciones, pero es importante considerar lo que señala José Santamarta: “Muchas de las campañas de promoción del turismo supuestamente sostenibles son meras y hábiles operaciones de imagen, pues el derribo de un hotel obsoleto, un carril bici, la recogida selectiva de residuos o algún equipamiento para ahorrar energía o agua, o lavar menos veces las toallas, no evitarán las graves repercusiones insostenibles del turismo”.

Según la OMT la contaminación del turismo al medio ambiente es más propensa a ocurrir en los países subdesarrollados, “donde las normativas ambientales son más ligeras para favorecer la industria turística y los recursos naturales son presa fácil de la especulación”.

Políticas a largo plazo, leyes que regulen e impliquen castigos más duros para los infractores, talleres de reflexión en las escuelas, estudios de impacto ambiental, revalorización de zonas y la gestión de nuevas áreas protegidas, campañas de concientización en los medios de comunicación, premios que recompensan a las empresas “verdes”, parecen ser posibles soluciones a este problema que nos afecta a diario y en todo el mundo, y cuyo único culpable es el hombre. Aún no comprendemos que de cada uno depende perjudicar al planeta o aportar nuestro granito de arena para que viajemos y disfrutemos de todas las bondades que nos brinda la actividad turística, pero de manera responsable.

@MiguelLedhesma

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